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  • ¿Quiénes están predicando las buenas nuevas?
    La Atalaya 2011 | 1 de marzo
    • ¿Quiénes están predicando las buenas nuevas?

      “Se predicarán en toda la tierra habitada.” (MATEO 24:14)

      POR todo el mundo, los testigos de Jehová están predicando las buenas nuevas. Y lo hacen de varias maneras:

      De persona a persona. Como Jesús y sus discípulos, los testigos de Jehová llevan personalmente las buenas nuevas al prójimo (Lucas 8:1; 10:1). No creen que la gente tenga que venir a buscarlos. Más bien, todos ellos —que ya superan los siete millones— dan testimonio del Reino de Dios de puerta en puerta, en las calles, por teléfono y de otras muchas maneras. El año pasado dedicaron más de mil quinientos millones de horas a dicha labor.

      Y no solo le enseñan al prójimo sobre el Reino de Dios, sino también sobre “todas las cosas que [Jesús ha] mandado” (Mateo 28:20). Además, imparten de forma gratuita más de ocho millones de cursos bíblicos a domicilio.

      Los Testigos llevan a cabo su obra en 236 países y territorios. Hablan con gente de toda clase, y en todo lugar: en los campos y en las ciudades, en la selva amazónica y en la taiga siberiana, en el desierto africano y hasta en las montañas del Himalaya. Ninguno cobra ni un solo centavo; al contrario, dedican su propio tiempo y recursos a participar en esta actividad. ¿Por qué lo hacen? Porque aman a Dios y al prójimo.

      Mediante la página impresa. De cada número de esta revista —que lleva por título La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová— se imprimen más de cuarenta y dos millones de ejemplares en 185 idiomas. Su revista hermana, ¡Despertad!, que también se centra en el tema del Reino, tiene una tirada de unos cuarenta millones de ejemplares y se publica en 83 lenguas.

      Además, para ayudar a la gente a entender la Biblia, los Testigos producen en unos 540 idiomas libros, folletos, tratados, DVD, CD de audio y MP3. En los pasados diez años se han distribuido 20.000 millones de estos artículos, lo que equivale a tres por cada habitante de la Tierra.

      Los testigos de Jehová también han impreso —o han encargado imprimir— varias traducciones de la Biblia. La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras —versión que ellos mismos traducen, imprimen y distribuyen— está disponible en 96 lenguas, ya sea entera o en parte. Hasta ahora se han dejado en manos de las personas 166 millones de ejemplares.

      En las reuniones cristianas. Semana tras semana, los Testigos acuden a unos locales llamados Salones del Reino. Sus reuniones son algo más que servicios religiosos, pues tienen el objetivo de impartir educación bíblica. En ellas se presentan conferencias sobre distintos temas relacionados con las Escrituras y se estudia la Biblia en grupo con la ayuda de publicaciones como La Atalaya. Estas reuniones también preparan a los Testigos para enseñar las buenas nuevas a otras personas.

      En la Tierra hay más de ciento siete mil congregaciones, y todas ellas estudian idéntica información al mismo tiempo, lo que las mantiene unidas. Sus reuniones están abiertas al público en general, y nunca se hacen colectas. Por supuesto, como veremos a continuación, sus esfuerzos no tendrían ningún sentido si no practicaran lo que predican.

      Con el ejemplo. Los Testigos se preocupan por comportarse como verdaderos cristianos y tratan a sus semejantes como quieren que los traten a ellos (Mateo 7:12). Aunque son imperfectos y cometen errores, su deseo es hacer el bien a los demás. Por eso se esfuerzan por transmitir las buenas nuevas a su prójimo y darle una mano a quien lo necesite.

      Los testigos de Jehová no predican las buenas nuevas para convertir al mundo entero. Saben que llegará un momento en que Jehová considerará que la obra ha cumplido su propósito, y entonces, como indica la profecía de Mateo 24:14, “vendrá el fin”. Ahora bien, ¿qué significan estas palabras de Jesús?

      [Ilustración de la página 7]

      Los testigos de Jehová están predicando las buenas nuevas por todo el mundo

  • ¿Qué es “el fin”?
    La Atalaya 2011 | 1 de marzo
    • ¿Qué es “el fin”?

      “Y entonces vendrá el fin.” (MATEO 24:14)

      POR todos lados se escucha hablar del fin del mundo. Abundan las películas, los libros y las revistas que, en broma o en serio, auguran un final catastrófico para el planeta. Según dicen, el mundo se acabará debido al cambio climático, una guerra nuclear, una terrible epidemia, el impacto de un asteroide o incluso una invasión extraterrestre.

      Los religiosos también tienen sus teorías. Muchos creen que “el fin” supondrá la extinción de la vida en la Tierra. Refiriéndose a Mateo 24:14, cierta obra indica: “Este versículo es el más importante de toda la Palabra de Dios [...;] nuestra generación encara una posible destrucción de tan grandes proporciones que pocos de nosotros tratamos de enfrentar mentalmente tan terrible realidad” (El Evangelio del Reino).

      Pero quienes piensan así se olvidan de un hecho muy significativo: la Biblia afirma que Dios “estableció firmemente” la Tierra y que “no la creó sencillamente para nada, [sino] que la formó [...] para ser habitada” (Isaías 45:18). Así que cuando Jesús habló del fin, no quiso decir que la Tierra sería destruida ni que la humanidad dejaría de existir. Lo que profetizó fue el fin de los malvados, de todos los que se niegan a obedecer a Dios.

      Para entenderlo, imaginémonos la siguiente escena. El dueño de una hermosa propiedad ha permitido que varias familias vivan en ella sin tener que pagar nada. Algunos de los inquilinos son gente tranquila, se llevan bien con sus vecinos y mantienen la propiedad en buen estado. Sin embargo, hay otros que no hacen más que causar problemas. Tratan mal a los buenos inquilinos, causan daños al edificio y no respetan las advertencias del dueño.

      ¿Qué debería hacer este hombre? ¿Demoler el edificio? Eso no tendría ningún sentido. Lo más sensato sería echar a los malos inquilinos y reparar los daños.

      Pues bien, Jehová hará algo similar con la Tierra. En su Palabra promete: “Los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. Y solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar, y él no será. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz” (Salmo 37:9-11).

      El apóstol Pedro también escribió por inspiración divina las siguientes palabras: “Hubo cielos desde lo antiguo, y una tierra mantenida compactamente fuera de agua y en medio de agua por la palabra de Dios; y por aquellos medios el mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando fue anegado en agua” (2 Pedro 3:5, 6). Aquí, Pedro hace alusión al Diluvio de Noé. Aquel suceso no supuso la destrucción de la Tierra, sino de la gente mala. Para todas las personas malvadas, el Diluvio es “un modelo de cosas venideras”, o sea, una advertencia de lo que les espera (2 Pedro 2:6).

      Pedro pasa a decir: “Los cielos y la tierra que existen ahora están guardados para fuego”. Si simplemente leyéramos hasta ahí, podríamos llegar a una conclusión equivocada. Pero el pasaje aclara la idea a continuación, pues menciona “la destrucción de los hombres impíos”, o malvados. Así que son ellos, y no la Tierra, lo que será eliminado. ¿Y qué sucederá después? Pedro mismo lo explica: “Hay nuevos cielos [el Reino de Dios en manos de Jesucristo] y una nueva tierra [una sociedad compuesta por personas justas] que esperamos según su promesa, y en estos la justicia habrá de morar” (2 Pedro 3:7, 13).

      Las profecías de la Biblia indican que “el fin” está cerca. Solo tenemos que leer Mateo 24:3-14 y 2 Timoteo 3:1-5 para darnos cuenta de que es así.a

      Como habrá podido comprobar, las palabras de Mateo 24:14 no son tan difíciles de comprender. ¡Hasta un niño las entendería! Entonces, ¿cómo es posible que tanta gente no comprenda su significado? Eso no es casualidad. Se debe a que el Diablo ha cegado la mente de las personas para que no vean la luz de la verdad bíblica (2 Corintios 4:4). Además, Dios esconde de los orgullosos los tesoros de su Palabra y los revela únicamente a los humildes. Por eso, Jesús dijo: “Te alabo públicamente, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios e intelectuales y las has revelado a los pequeñuelos” (Mateo 11:25). ¡Qué privilegio tenemos de estar entre quienes entienden lo que es el Reino de Dios y lo apoyan! A todos nos espera un futuro maravilloso.

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