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Agonía en el jardínLa Atalaya 1990 | 1 de octubre
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Jesús deja a ocho de los apóstoles —quizás cerca de la entrada del jardín— y les manda: “Siéntense aquí mientras voy allá a orar”. Entonces lleva consigo a los otros tres —Pedro, Santiago y Juan— y sigue caminando en el jardín. Jesús empieza a contristarse y perturbarse penosamente. “Mi alma está hondamente contristada, hasta la muerte —dice a ellos—. Quédense aquí y manténganse alerta conmigo.”
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Agonía en el jardínLa Atalaya 1990 | 1 de octubre
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¡De ninguna manera! Jesús no está suplicando que se le libre de la muerte. Hasta la idea de evitar una muerte en sacrificio —lo cual sugirió Pedro— le repugna. Más bien, está en agonía porque teme que la clase de muerte que le espera dentro de poco —como un despreciable criminal— traerá oprobio al nombre de su Padre. Ahora percibe que en unas cuantas horas será fijado en un madero como una de las personas más bajas que pudiera haber: ¡un blasfemador contra Dios! Esto es lo que más le perturba.
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