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  • Pilato
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • Como representante del emperador, el gobernador ejercía pleno control sobre la provincia. Podía imponer la pena capital, y según los que respaldan el punto de vista de que el Sanedrín también podía dictar esta pena, ese tribunal judío tenía que obtener la ratificación del gobernador para hacer válida su sentencia. (Compárese con Mt 26:65, 66; Jn 18:31.) Como la residencia oficial del gobernador romano estaba en Cesarea (compárese con Hch 23:23, 24), el cuerpo principal de las tropas romanas estaba apostado allí, con una fuerza más pequeña guarnicionada en Jerusalén. Sin embargo, según la costumbre, el gobernador residía en Jerusalén durante las temporadas festivas (como en el tiempo de la Pascua), y llevaba refuerzos militares consigo. En el caso de Pilato, su esposa también estaba con él en Judea (Mt 27:19), lo que era posible debido a un cambio anterior en la política gubernamental romana con respecto a los gobernadores que se hallaban en asignaciones peligrosas.

  • Pilato
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • Se convocó de nuevo a los líderes judíos y al pueblo, y Pilato reanudó sus esfuerzos para no sentenciar a muerte a un hombre inocente. Con ese fin preguntó a la muchedumbre si deseaba liberar a Jesús siguiendo la costumbre de dejar en libertad a un prisionero en cada fiesta de la Pascua. En vez de eso, la muchedumbre, incitada por sus líderes religiosos, clamó por la liberación de Barrabás, un ladrón, asesino y sedicioso. Los repetidos esfuerzos de Pilato por liberar al acusado solo sirvieron para incrementar los gritos de que se fijase a Jesús en un madero. Temiendo un motín e intentando apaciguar a la muchedumbre, Pilato accedió a sus deseos, después de lo cual se lavó las manos con agua, como si se limpiase de culpa de sangre. Algún tiempo antes, la esposa de Pilato le había notificado de un sueño inquietante relacionado con “ese hombre justo”. (Mt 27:19.)

  • Pilato
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • Como parte de las “autoridades superiores”, Pilato ejerció su poder por permiso divino. (Ro 13:1.) Él cargó con la responsabilidad de su decisión, una responsabilidad de la que no podía desprenderse lavándose las manos con agua. El sueño de su esposa debió ser de origen divino, como lo fueron otros sucesos ocurridos ese día, como el terremoto, la insólita oscuridad y la rasgadura de la cortina. (Mt 27:19, 45, 51-54; Lu 23:44, 45.) Este sueño debería haber advertido a Pilato de que no se trataba de un juicio corriente ni de un acusado común; sin embargo, como Jesús dijo, el que lo llevó a Pilato ‘tuvo mayor pecado’. (Jn 19:10, 11.) Por eso, a Judas, quien había traicionado a Jesús, se le llamó “el hijo de destrucción” (Jn 17:12); se dijo que aquellos fariseos que fueron culpables de complicidad en el complot contra la vida de Jesús eran ‘merecedores del Gehena’ (Mt 23:15, 33; compárese con Jn 8:37-44); pero el sumo sacerdote, que encabezaba el Sanedrín, fue especialmente responsable ante Dios por entregar a su Hijo a este gobernante gentil para que lo sentenciara a muerte. (Mt 26:63-66.) Así que la culpa de Pilato no fue como la de ellos, aunque su acción también fue muy reprensible.

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