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Sean hacedores de la Palabra, no solo oidoresLa Atalaya 1990 | 1 de octubre
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3. ¿Qué instrucción sobre el juzgar da entonces Jesús en el Sermón del Monte?
3 Mientras seguía con su Sermón del Monte, Jesús incluyó otros dichos que los cristianos deben esforzarse por aplicar. He aquí uno que, aunque parece sencillo, condena una de las tendencias más difíciles de desarraigar: “Dejen de juzgar, para que no sean juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, se les medirá. Entonces, ¿por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano, pero no tomas en cuenta la viga que hay en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Permíteme extraer la paja de tu ojo’; cuando ¡mira!, hay una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano”. (Mateo 7:1-5.)
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Sean hacedores de la Palabra, no solo oidoresLa Atalaya 1990 | 1 de octubre
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5. ¿Por qué es mucho más fácil ver las faltas de otros que ver las nuestras?
5 En el siglo I E.C., debido a las tradiciones orales, los fariseos en general tendían a juzgar a otros severamente. Cualesquiera de los oyentes de Jesús que acostumbraran hacer aquello tenían que abandonar tal práctica. Es mucho más fácil ver las pajas en los ojos de otros que ver las vigas en los propios ojos de uno... ¡y es mucho más tranquilizador para nuestro yo, nuestro ego! Como dijo cierto hombre: “Me encanta criticar a otros, ¡porque entonces yo me siento muy bien!”. El tener la costumbre de reprender a los demás pudiera crear en nosotros ideas de virtud personal que parezcan compensar por faltas que queremos ocultar. Pero si es necesario que demos corrección, debemos hacerlo con amor y apacibilidad. El que corrige debe tener siempre presentes sus propias debilidades. (Gálatas 6:1.)
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