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Sacó “conclusiones en su corazón”La Atalaya 2008 | 1 de octubre
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Debido al censo, el pueblo estaba lleno de gente. Muchos otros habían llegado antes que ellos, y no había espacio en el lugar de hospedaje.b Así que no les quedó más remedio que pasar la noche en un establo. Podemos imaginarnos el nerviosismo de José al ver que su esposa empezaba a sufrir dolores que nunca antes había sentido. ¡Los dolores de parto habían comenzado!
Muchas mujeres de todo el mundo saben por lo que estaba pasando María. Cuatro mil años antes, Jehová había predicho que, debido al pecado heredado, la mujer sufriría durante el parto (Génesis 3:16). Y nada indica que María fuese la excepción. Mostrando mucho respeto por la privacidad del acontecimiento, Lucas simplemente dice que ella “dio a luz a su hijo, el primogénito” (Lucas 2:7). Así es, este fue el primer hijo de María, quien por lo menos tuvo otros seis (Marcos 6:3). Pero este hijo era especial. No solo era su primogénito, sino también “el primogénito de toda la creación”: ¡el Hijo unigénito de Dios! (Colosenses 1:15.)
A continuación, el relato aporta otro conocido detalle: “Lo envolvió con bandas de tela y lo acostó en un pesebre” (Lucas 2:7). Numerosas representaciones, pinturas y obras teatrales en todo el mundo suelen pintar esta escena de forma encantadora. Pero la realidad es otra. Para empezar, el pesebre es un cajón donde se echa la comida a los animales. Además, la familia se encontraba en un establo, un lugar que ni siquiera hoy se caracteriza por estar limpio y ventilado. ¿Qué padres elegirían un lugar así para traer al mundo a su hijo? Los padres normalmente quieren darles lo mejor a sus hijos. ¡Cuánto más José y María, que tenían con ellos al Hijo de Dios!
Sin embargo, ellos no se amargaron por la situación; más bien, hicieron todo lo que estaba en sus manos. María, por ejemplo, envolvió al bebé con bandas de tela y lo acostó a dormir en el pesebre, procurando que estuviera cómodo y no pasara frío. Dadas las circunstancias, lo atendió lo mejor que pudo. Además, tanto ella como José tenían claro que lo más importante era cuidarlo en sentido espiritual (Deuteronomio 6:6-8). Aunque hoy día se desprecian los valores espirituales, los buenos padres tienen el mismo orden de prioridades que José y María.
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Sacó “conclusiones en su corazón”La Atalaya 2008 | 1 de octubre
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b En los pueblos de aquellos días era habitual preparar un lugar para alojar a los viajeros que iban de paso.
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