Lunes 15 de junio
Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito (Juan 3:16).
En la época de los israelitas, el Día de Expiación se celebraba una vez al año. Ese día, el sumo sacerdote ofrecía sacrificios de animales a favor del pueblo. Claro, esos sacrificios no podían expiar por completo los pecados de los israelitas, ya que los animales son inferiores a los seres humanos. Pero Jehová estaba dispuesto a perdonar sus pecados, siempre y cuando los israelitas se arrepintieran y ofrecieran los sacrificios que él pedía (Heb. 10:1-4). El Día de Expiación les recordaba que eran pecadores. Pero ¿qué solución permanente para el perdón de los pecados tenía en mente Jehová? Hizo que su amado Hijo fuera “ofrecido una sola vez para cargar con los pecados de muchas personas” (Heb. 9:28). Jesús dio “su vida como rescate a cambio de muchas personas” (Mat. 20:28). w25.02 6:9, 10
Martes 16 de junio
Manténganse despiertos y oren constantemente para que no caigan en la tentación (Mat. 26:41).
“El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41b). Con estas palabras, Jesús mostró que comprendía que los seres humanos somos imperfectos y cometemos errores, pero al mismo tiempo nos advirtió que debemos tener cuidado con el exceso de confianza. Unas horas antes de que Jesús dijera esas palabras, los discípulos habían afirmado con mucha seguridad que nunca lo abandonarían (Mat. 26:35). Tenían las mejores intenciones, pero no se daban cuenta de lo fácil que podría ser ceder a la presión cuando las cosas se pusieran difíciles. Por eso Jesús les dijo las palabras del texto de hoy. Cuando lo arrestaron, ¿qué hicieron los discípulos? Por desgracia, como no se mantuvieron despiertos, cayeron en la tentación. La situación los agarró desprevenidos y terminaron haciendo exactamente lo que habían dicho que nunca harían: abandonar a Jesús (Mat. 26:56). w24.07 29:1, 2
Miércoles 17 de junio
Fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo (Rom. 5:10).
Adán y Eva perdieron la preciosa relación que tenían con su Padre, Jehová. Antes de pecar, eran parte de la familia de Dios (Luc. 3:38). Pero, cuando desobedecieron a Jehová, fueron expulsados de su familia. Eso sucedió antes de que tuvieran hijos (Gén. 3:23, 24; 4:1). Por esa razón, sus descendientes necesitamos reconciliarnos con Jehová (Rom. 5:10, 11). En otras palabras, es necesario que recuperemos una buena relación con él. Según una obra de consulta, cuando este pasaje habla de reconciliarse, usa una palabra griega que puede significar “hacer que un enemigo llegue a ser un amigo”. Lo impresionante es que fue Jehová quien tomó la iniciativa para que la reconciliación fuera posible. ¿Cómo lo hizo? Por medio de la expiación, el sistema que estableció para que los seres humanos pecadores pudieran volver a tener una buena relación con él. Implica cambiar una cosa por otra que tenga el mismo valor. De esta manera, se puede recuperar o sustituir algo que se ha perdido o se ha destruido. w25.02 6:7, 8