Domingo 6 de septiembre
Jehová nuestro Dios, tú mereces recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas (Apoc. 4:11).
La razón más importante por la que predicamos las buenas noticias es el amor que sentimos por Jehová y por su santo nombre. Vemos la predicación como una manera de alabar al Dios que amamos. Estamos totalmente de acuerdo en que Jehová merece “recibir la gloria, la honra y el poder”. ¿Cómo le damos gloria y honra? Explicándoles a las personas las pruebas convincentes de que Jehová creó todas las cosas y nos dio la vida. ¿Y cómo le damos poder, es decir, nuestro poder? Utilizando nuestro tiempo, energías y recursos para participar en la predicación tanto como nos permiten nuestras circunstancias (Mat. 6:33; Luc. 13:24; Col. 3:23). En pocas palabras, nos encanta hablar del Dios al que amamos. Pero también queremos hablar de su nombre y de lo que este significa. w24.05 20:11
Lunes 7 de septiembre
Recompensa a los que lo buscan con empeño (Heb. 11:6).
Jehová nos da ahora paz y alegría, y en el futuro, vida eterna. Estamos completamente seguros de que quiere recompensarnos y de que tiene el poder para hacerlo. Esa convicción nos motiva a trabajar duro por él, tal como lo hicieron los siervos fieles de Dios del pasado. Veamos el caso de Timoteo (Heb. 6:10-12). Timoteo puso su esperanza en el Dios vivo (1 Tim. 4:10). Por eso trabajó duro por Jehová y por los demás. ¿Qué hizo? El apóstol Pablo lo animó a ser un mejor maestro y orador, y a darles un buen ejemplo a los hermanos jóvenes y mayores. Se le encargaron labores difíciles, como por ejemplo dar consejo firme pero cariñoso a quienes lo necesitaban (1 Tim. 4:11-16; 2 Tim. 4:1-5). Timoteo podía estar seguro de que Jehová lo recompensaría (Rom. 2:6, 7). w24.06 25:10, 11
Martes 8 de septiembre
Jehová les daba advertencias a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas (2 Rey. 17:13).
Jehová a menudo enviaba a sus profetas para advertir a su pueblo y corregirlo. Por ejemplo, dijo mediante Jeremías: “Vuelve, oh, rebelde Israel [...]. No los miraré con ira, porque soy leal [...]. No estaré resentido para siempre. Solo reconoce tu culpa, porque te has rebelado contra Jehová” (Jer. 3:12, 13). Por medio de Joel dijo: “Vuelvan a mí con todo su corazón” (Joel 2:12, 13). Hizo que Isaías declarara: “Límpiense; quiten de mi vista sus actos de maldad; dejen de hacer cosas malas” (Is. 1:16-19). Y mediante Ezequiel preguntó: “¿Acaso me causa algún placer la muerte de alguien malvado? [...] ¿Acaso no prefiero que abandone sus caminos y siga vivo?”. “No me causa ningún placer la muerte de nadie [...]. Así que regresen a mí y vivan” (Ezeq. 18:23, 32). Jehová se siente muy feliz cuando las personas se arrepienten de sus pecados porque quiere que vivan para siempre. w24.08 32:5, 6