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Los primeros cristianos y la Ley mosaicaLa Atalaya 2003 | 15 de marzo
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¿Y los cristianos judíos?
12. ¿Qué pregunta quedó por contestar?
12 El cuerpo gobernante había indicado claramente que los cristianos de origen gentil no tenían por qué circuncidarse. Pero ¿sería esto aplicable a los cristianos que eran judíos? La decisión tomada no contempló este aspecto concreto de la cuestión.
13. ¿Por qué era erróneo afirmar que observar la Ley mosaica era un requisito para la salvación?
13 Algunos cristianos judíos que eran “celosos por la Ley” siguieron circuncidando a sus hijos y observando ciertos rasgos del viejo código (Hechos 21:20). Otros fueron más lejos y llegaron al extremo de insistir en que los cristianos judíos debían obedecer la Ley si querían salvarse. Esto era una grave equivocación. Por ejemplo, ¿cómo podía cualquier cristiano ofrecer un animal en sacrificio para el perdón de los pecados? El sacrificio de Cristo había invalidado tales ofrendas. ¿Y el requisito de la Ley en cuanto a evitar la relación estrecha con los gentiles? A los celosos evangelizadores cristianos les habría resultado muy difícil observar tales restricciones y aun así cumplir con la comisión de transmitir a los gentiles todo lo que Jesús había enseñado (Mateo 28:19, 20; Hechos 1:8; 10:28).a Aunque no hay prueba de que este asunto se aclarara en una reunión del cuerpo gobernante, la congregación no se quedó sin guía.
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Los primeros cristianos y la Ley mosaicaLa Atalaya 2003 | 15 de marzo
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[Ilustración y recuadro de la página 24]
Pablo afronta con humildad una prueba
A Pablo le aguardaba una prueba cuando llegó a Jerusalén después de un fructífero viaje misional, en el año 56 E.C. La noticia de que él enseñaba que la Ley había quedado anulada había llegado a la congregación, y los ancianos de esta temían que los cristianos judíos recién convertidos tropezaran por la libertad con que Pablo se expresaba en cuanto a la Ley y concluyeran que los cristianos no respetaban las dádivas de Jehová. Había en la congregación cuatro cristianos judíos que habían hecho un voto, quizá de nazareato, y tenían que ir al templo para cumplirlo.
Los ancianos le pidieron al apóstol que acompañara a aquellos hombres al templo y les costeara sus gastos. Pablo había escrito por lo menos dos cartas divinamente inspiradas que defendían que obedecer la Ley no era un requisito para la salvación. No obstante, respetaba la conciencia de los demás. Anteriormente había escrito: “A los que están bajo ley me hice como bajo ley, [...] para ganar a los que están bajo ley” (1 Corintios 9:20-23). Aunque jamás transigía cuando entraban en juego principios bíblicos fundamentales, le pareció que podía seguir la recomendación de los ancianos (Hechos 21:15-26). No había nada malo en ello, pues el procedimiento de los votos no era contrario a las Escrituras y el templo se había usado para la adoración pura, no para la idolatría. A fin de no dar causa para tropiezo, Pablo cumplió con la solicitud (1 Corintios 8:13). No cabe duda de que aquello requirió considerable humildad de parte del apóstol, una humildad que nos impulsa a profundizar nuestro aprecio por él.
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